Día Mundial de la depresión: Respuestas sistémicas a una crisis mundial
Por: Claudia Gómez, Terapeuta Familiar de Crisol
El 13 de enero fue el día mundial de la depresión. ¿Qué nos pasa cuando leemos que se estima que aproximadamente 280 millones de personas sufren de depresión en todo el mundo, lo cual representa alrededor del 3.8% de la población global?
Sabemos que, entre los adultos, las mujeres son quienes tienen mayor prevalencia. Alarmados recibimos noticias de que cada año más de 700,000 personas se suicidan y la depresión está presente en muchos de estos casos.
El suicidio es la cuarta causa de muerte entre personas de 15 a 29 años y es alarmante el crecimiento de estas cifras en niños menores a 15 años.
La pregunta que subyace ante todas estas cifras es si estamos dando una respuesta adecuada a esta terrible problemática. Como terapeutas sistémicos, nuestra mirada está puesta en el tratamiento de la familia y no aislar a quien sufre del padecimiento.
Este abordaje se propuso en los años setenta, cuando se utilizó la intervención en crisis de la familia a nivel domiciliario o durante la breve hospitalización que se requiere para la atención de primeros auxilios. Cincuenta años después, se recurre a la hospitalización inmediata de cualquier síntoma que amenace con el suicidio.
En una entrevista al Dr. Javier Vicencio, cuando se le preguntó si este abordaje es el mejor, él nos contesta “Desde mi perspectiva y en mi experiencia de más de cincuenta años de trabajo, el aislamiento y la soledad para enfrentar los problemas emocionales se magnifican con la desvinculación que la hospitalización promueve”.
“Desde mi experiencia el tratamiento debe incluir precozmente a la familia cuando se presentan los primeros síntomas, incluso en la hospitalización en caso de que se requiera, pero sobre todo en lo que se conoce como la “posvención”, es decir, las medidas que se requieren para evitar la recaída”.
El Dr. Robert Neuberger, psiquiatra y psicoanalista francés, quien falleció hace poco, consideraba que el suicidio es una crisis de existencia, no una enfermedad. Y que la pérdida de relaciones significativas puede llevar a la desesperación y al suicidio, especialmente en adolescentes. Enfatizó la importancia de las conexiones interpersonales, protectores contra el riesgo suicida, sugiriendo que el reconocimiento y el diálogo pueden ser herramientas preventivas efectivas.
En el mes de enero, más que cifras sobre la depresión y el suicidio, tendríamos que estar pensando en metodologías que han demostrado su eficacia y en encontrar cómo incluir las nuevas tendencias para reforzar el trabajo que se ha venido realizando en respuesta a este gran problema.
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